10 noviembre 2006

Garfield se ha comido una ONG

Columna de César Hildebrandt en La Primera
Viernes 10 de noviembre de 2006


El señor Ántero Flores Aráoz, Garfield para todos los contratos, apareció hace algunos meses, apenas se produjo la derrota de Lourdes Flores, como el socialcristiano de veras que sacaría al PPC del pantano derechista en que había caído.
Yo le creí y me entusiasmé con la idea de tener un PPC de centro, un centro doctrinario lejano del oportunismo y del dominio de los vientos que soplan y del olor del dinero que tan bien olía Luis Bedoya cuando construía el PPC con el cemento de Cementos Lima, su cliente favorito.
Qué gran zonzo que soy. Qué ingenuo que sigo siendo para algunas cosas. De qué modo la buena fe me tetudea.
Porque todo eso era puro cuento y baba del diablo. Hoy Ántero Flores Aráoz es el gato mimado de La Razón, la mascota intelectual de Expreso, el peluche favorito de Keiko Fujimori, el niño Goyito de la Cuculiza, el santo grial de Aldo Mariátegui y la divina pomada de Karen Dejo, que tampoco cree en las ONGs.
Y allí está don Ántero, como el Mio Cid de Yanacocha, combatiendo a las ONGs tanto como las combate su encantadora hija, lobbista que es de las empresas mineras, y convertido en marquesina del macartismo criollo gracias a sus intervenciones en TV y a sus columnas periodísticas que pesan como lingotes de oro.
Quiere hacernos creer don Ántero que la ley en contra de las ONGs no es una ley en contra de las ONGs y que todos los que hemos leído el proyecto no lo hemos leído porque él es el único que parece entenderlo a cabalidad, como si de una ayuda memoria de Roque Benavides se tratara, como si de un contrato de locación de servicios entre su estudio y Milpo se tratara.
O sea que, según Ántero, el gobierno aprista quiere la libertad de las ONGs, la vigilancia exclusivamente moral de sus dineros, el bien común, en suma, cuidando que la cooperación internacional se encarrile adecuadamente para beneficio de esa sociedad civil que Alan García, Agustín Mantilla, Agustín Haya, Mauricio Múlder, Aldo Mariátegui, el cura Romaña y la novicia RBD, es decir la Alcorta, quieren proteger.
Y sale con toda su beligerancia rancia, como Bedoya Reyes sin sarcófago, como JP Morgan sin Susana, a gritarle al país que La Razón tiene razón y que gente como Sofía Macher padece de paranoia y que el gobierno de García ha hecho muy bien en aprobar su proyecto. Porque eso sí: al gobierno de García le ha brotado un abogado de polendas, que es don Ántero, y una azafata melosa, que es Keiko Sofía, esa chica que Montesinos hizo estudiar en Boston con dinero de su partida II.
Que don Ántero, instalado en la caverna de Beltrán, y Keiko Sofía, repuesta en la cueva de Alí Babá, defiendan con tanto ardor al gobierno de Alan García quiere decir que el gobierno de Alan García va por el buen camino que le señalaron Augusto Bernardino Leguía –el mejor presidente del siglo XX según Haya de la Torre en declaraciones de 1979–, Óscar R. Benavides, Manuel Odría, Eudocio Ravines, Carlos Boloña y hasta Raúl Romero, el piajeno de Habacilar, cuando dijo que los asesinados de La Cantuta eran parte del costo que había que pagar por la pacificación.
La ley contra las ONGs ha sido bancada por la gran minería. Ella será la gran beneficiada a la hora en la que la APCI ejerza sus vetos y censuras. Ella podrá actuar con la misma impunidad de los viejos tiempos, cuando el Apra ya era una tropa de choque fascistoide y Odría, que terminaría casando con Haya de la Torre, aporreaba a los que se oponían a la Cerro de Pasco Corporation, donde hoy actúa la Doe Run, sí, la misma que ha pedido un plazo adicional de varios años para adecuarse al PAMA, sí, la misma que dice que no tiene dinero para construir una planta de ácido sulfúrico que atenuaría en algo la contaminación infernal que padece La Oroya y que ha hecho de sus niños unos zombies intoxicados mientras los precios de los minerales trepan a las nubes y el doctor García pasa su alcancía para que se la llenen con 500 millones de soles anuales, pobrecito.
Con Ántero y Aldo, con Wolfenson y Alcorta, con la Zorra y el Cuervo, el Apra avanza hacia su consolidación como la sucursal peruana del “socialismo” de Bettino Craxi. Sólo está faltando el tren eléctrico, que también viene con Luis Castañeda Lossio, el verdadero candidato del doctor García.

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