01 abril 2008

La suicida tacañería empresarial (27/03)

Hace unos días me invitaron a conocer las ampliaciones de una fábrica. Dado mi origen de periodista económico, estos temas manufactureros me gustan mucho e hice un recorrido de las instalaciones junto al propietario. Quedé muy impresionado. El sitio parecía salido de una película sobre la NASA, impecable y moderno. Tras la vuelta, el empresario me invitó un café y nos pusimos a conversar. Me contó orgulloso cómo se había expandido explosivamente su negocio en el país, cómo se había animado a exportar y le había ido muy bien, cómo no había dejado de reinvertir utilidades para no dejar de crecer, cómo le había ganado a la competencia extranjera aquí, etc... De pronto, una sombra cruzó su cara y su expresión pasó de hiperoptimista a preocupada. Ya había adivinado lo que iba a decirme cuando lo soltó:
“Oye, ¿quién crees que gane el 2011? Es que tengo hasta el último centavo invertido y después gana un Humala o uno de éstos y tanto esfuerzo del país para levantarse desde 1990 se va al desagüe. No sabes cómo me quita el sueño que volvamos a los populismos con este Chávez alentándolos y todo se joda”. Le dije que no era tan pesimista, que creía que este crecimiento estaba generando clase media muy rápidamente –sobre todo en el norte y Lima– y que la gente vota mejor cuando tiene algo que defender, aunque coincidí en que el gobierno tenía muchísimo más que hacer en el sur, además de reformas estructurales. “Sí –me contestó–, porque los empresarios estamos dispuestos a poner el hombro para que esto salga adelante. Tenemos una responsabilidad”. A las pocas horas de esta conversación, una fuente gubernamental me contó que el Estado había contactado a una prestigiosa consultora internacional meses atrás para iniciar la tan necesaria reforma del Estado. La consultora estimó que cobraría US$4 millones. Como el gobierno había decidido apostar por una pública austeridad después de los excesos de Toledo, se le pidió a la Confiep que aporte el dinero. Este gremio pareció entusiasmado al comienzo, pero luego no trajo un sol y el tema se enfrió. Además, una ministra metió su cuchara y dijo que era caro y que ella podía hacer ese trabajo. Hasta ahora sólo hizo unas cuantas fusiones y poco más. También se habló de contratar a una consultora local, pero evidentemente el trabajo le queda inmenso a cualquiera de éstas. No tienen los equipos ni el expertise para una tarea gigantesca. Pero aquí lo más criticable es la actitud de la Confiep y el “preocupado” empresariado local. Cuando pueden, dicen que están atormentados por que no se aproveche esta oportunidad y que venga un populista el 2011, pero son incapaces de meterse la mano al bolsillo para iniciar la reforma más importante y vital, porque aun con plata ya se ve que este Estado no camina. La verdad es que merecen hundirse por mezquinos y que se chupen otro Velasco, pero el país se va con ellos. Por eso, es menester que el Estado haga esta inversión. No puede ser que se desvíen mil millones de dólares a un fondo anticíclico del MEF y no se puedan usar US$4 millones para reformar al Estado. Ese sería el ahorro del fraile, el peor de todos, aquel que termina costando mucho más.

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